Hasta ahora siempre había pensado que la lava incandescente procedente de la erupción del Vesubio había sido la causante de la destrucción de Pompeya, y que esta había sido sepultada de golpe, de forma instantánea. Siempre había imaginado a la lava avanzar poco a poco por la ladera del volcán hasta cubrir por completo toda la ciudad. Pero esta semana he descubierto que esto no es del todo cierto.
En efecto, la erupción del Vesubio que tuvo lugar en el 79 D.C. fue el motivo por el que Pompeya quedó sepultada, pero realmente no fue debido a la lava si no a los gases y cenizas volcánicas. La nube tóxica de gases emitida por el volcán, era de tal espesor que terminó cayendo sobre la ciudad acabando con la vida de gran parte de los pompeyanos. Posteriormente las cenizas volcánicas terminaron por cubrir sus cuerpos, sus calles y edificios durante los varios días que duró su caída.
Pero la historia no queda ahí. La realidad es que si que hubo una ciudad que se vio sepultada por el barro incandescente proveniente del Vesubio. La realidad es que si existió una “verdadera” Pompeya. Y esa ciudad fue Herculano.
Herculano era una ciudad más pequeña y rica que Pompeya, y a diferencia de esta, que estaba situada al sur del volcán, Herculano se encontraba al oeste del Vesubio. Esta situación geográfica, la orografía del terreno y los vientos en ese momento, hicieron que Pompeya tuviera que soportar los gases y Herculano la lava o barro incandescente.
En ambos casos lo que ha llegado a nuestros días es una de las fuentes arqueológicas más importantes del mundo. Las excavaciones comenzaron a mediados del siglo XVIII y muchos las consideran como el origen de la arqueología. Debido a la capa de lava y cenizas, los cuerpos y las ruinas se han conservado en muy buen estado y lo que es más importante, han permitido estudiar el propio día a día de la vida de los romanos, ya que al haber sido sorprendidos por la erupción, las casas, los edificios, los utensilios, etc. quedaron en el mismo estado en que se encontraban. El yacimiento puede considerarse por tanto como una fotografía de un día habitual de la época, aunque seguro que ni pompeyanos y ni herculanos tuvieron tiempo ni ganas de sonreír para salir en ella.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar